martes, 7 de octubre de 2014

¿TDAH o DAH?




Era el año 2007 y yo estaba viviendo en la provincia de Santa Fe. Trabajaba visitando escuelas, haciendo observaciones y proponiendo un abordaje distinto de los contenidos curriculares, labor que financiaban las Asociaciones Cooperadoras de las instituciones. Eso me servía para investigar cómo funcionaba mi estrategia Armonización por el Arte[1] en las aulas, y también era mi medio de vida en esos momentos. Haciendo esto, conocí a la seño Silvi, una mujer joven, muy agradable, comprometida con su trabajo y preocupada por la falta de herramientas para contener al grupo y abordar estos “casos especiales”. Me dijo que diez chicos del grado tenían TDAH[2], y especificó -porque ella los conocía bien-, cuáles eran más hiperactivos y cuales más desatentos.
     Por desgracia, lo que me decía la seño Silvi, no era algo distinto a lo que me decían otra seños de diversas instituciones. Yo ya lo venía escuchando. Todas en general opinaban igual, y aún hoy en el 2014 piensan que cierto grupo de más o menos diez chicos tienen TDAH.
     Tener diez chicos en un curso de treinta con TDAH  -y que esto coincida con los demás cursos-, es equivalente a decir que tenemos más de un 30 % de la población infantil con TDAH. Que tenemos un tercio de la población infantil –al menos argentina, aunque esto no es un discurso local- con un trastorno psiquiátrico. No es pavada lo que estamos diciendo…! Sin embargo, aún con mi pobre conocimiento de medicina alopática, sé que los trastornos psiquiátricos no son epidemias, no son virales, no se contagian como la varicela o la gripe.
     Yo no soy docente, pero he trabajado suficiente tiempo en las aulas, he pasado por muchas escuelas, y sé que la seño Silvi y sus colegas se quedan cortas. No hay sólo diez chicos que no le prestan atención… yo creo que son menos de diez los que están realmente con ella tomando la clase… Pero decir que tienen un trastorno es algo muy distinto.
     Me gusta aclarar esto porque es general la desinformación sobre el tema, entonces me encuentro explicándoles mi punto a mis clientes de consultorio, en una reunión social a mis amigos, en la cola del supermercado, en alguna charla con una periodista que me entrevistaba por cualquier otro tema… Con mucha frecuencia me encuentro marcando esta diferencia, y hablando de TDAH, así que cuando Paula -una de las creadoras de la plataforma virtual Ulerni[3]-, me sugiere que escriba un artículo sobre el tema para el blog, no quise desaprovechar la oportunidad. Le pedí unos días para ponerme de lleno con esto y aquí estoy.
     Continuamente, en consultorio, como terapeuta holística trabajo con personas que me dicen padecer enfermedades psiquiátricas y físicas, pero no se me ocurriría diagnosticar a alguien por una suposición basada en los síntomas que yo observo…
     Para que haya un trastorno psiquiátrico tiene que haber una disfunción en la química del cerebro, cuando alguien tiene un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad se observa una lesión en el lóbulo frontal y un cambio en la química…[4] no sólo un cambio en la conducta. Padecer TDAH no es lo mismo que ser desatento o muy activo.  Una persona puede tener déficit de atención o ser hiperactiva por muchas razones y no necesariamente por motivo psiquiátrico. Es decir, si hay plomo en sangre (toman agua expuesta a cañerías de plomo), si hay problemas familiares, deficiencias alimenticias, si hay parásitos, si hay antecedentes de abusos de drogas en los padres… la conducta cambia, y el niño puede volverse  más activo o menos atento. Recuerdo que cuando era pequeña, mi abuela muchas veces le dijo a mi mamá que seguro yo tenía parásitos porque no me quedaba quieta… Qué suerte que en esos tiempos no existía el TDAH…!
     ¿Cómo saber, entonces si alguien tiene un trastorno? Con estudios neurológicos. Hay que ver a un neurólogo. Es muy imprudente hacer diagnósticos tan dramáticos por la observación de la conducta… y mucho más imprudente dar medicación psiquiátrica a todo el que tenga los síntomas. Tal vez, con cambiar la instalación de agua, hacer un tratamiento para los parásitos, solucionar los problemas familiares que afectan la vida emocional del niño –y por ende su conducta-, mejorar la alimentación, etc. se resuelve el mal-estar del niño y del entorno.
     Quiero dejar bien claro, que la medicación psiquiátrica no es una aspirina.      En Estados Unidos, país que se ha caracterizado por medicar psiquiátricamente en las escuelas a sus niños con conducta de déficit de atención e hiperactividad; se están, hace unos años, estudiando las consecuencias terribles de estas drogas permitidas, y entre estas consecuencias los suicidios de adolescentes, la violencia extrema, la adicción a la cocaína son comunes, y lo que pocos saben… Si alguien es medicado con estas drogas y no tenía el desorden químico, estas drogas se lo generan… Entonces si cree que su hijito o su estudiante, puede tener este problema, descarte todas las otras opciones y vaya a ver a un neurólogo para que le haga los estudios. No a un psicólogo, no a un psicopedagogo, no a un psiquiatra. Ni siquiera me venga a ver a mí, porque ninguno de nosotros hacemos estudios de la biología del cerebro. Sólo observamos conductas, síntomas y las abordamos de distintas maneras. Con medicación, con toma de consciencia o ejercicios, a través del arte, respectivamente. Ninguno de nosotros podemos diagnosticar efectivamente si hay un desorden en la química o una lesión. Para eso tiene que ver a un neurólogo. Si necesita medicación psiquiátrica el neurólogo (que es quien se ocupa de diagnosticar los trastornos) lo va a derivar lógicamente. Pero no mediquen a sus chicos hasta no estar seguros. Busque primero la causa antes de decidir cómo va a sanar.
     …Y si no tiene un trastorno (que es lo más probable) si sólo tienen el síntoma, la conducta de, ¿qué hago? Cambio de alimentación, actividades que le ayuden a desarrollar el freno inhibitorio (a encontrar silencio entre el input y su reacción), generar ambientes serenos, dar espacio para soltar lo que le daña, hacer arte, abordajes pedagógicos personalizados[5], ejercicios de meditación, son algunas de las actividades que les  ayudan muchísimo…
     Sé que estos niños pueden ser muy difíciles de contener y que pueden hacerle perder el eje al mismo Buda… pero de ciertas medicaciones no hay vuelta atrás, y tenemos que ser prudentes. Yo no descarto que exista el trastorno pero no creo que sea una epidemia. 
    
Alicia Gianfelici





[1] Estrategia de desarrollo personal  que genero, donde uso el arte como herramienta de autoconocimiento e integración.
[2] Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad.
[3] Plataforma web que ofrece cursos, libros, seminarios. Propuesta de formación autodidacta.
[4] Niños hiperactivos by Russell Barkley. Paidós, 1999.-

[5] Cito un caso y su abordaje en mi libro “Hacia una nueva educación”, 2010





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