sábado, 20 de junio de 2015

5 Claves para Educar



No importa si educás en casa o en la escuela, tampoco si sos padre, docente o experto en tu área… Hay algunas cuestiones claves a tener en cuenta para favorecer el desarrollo del otro…


1 – EL OBETIVO ES LA PERSONA.
Lo principal en la enseñanza es el contenido que se quiere impartir. Lo principal en la educación es el sujeto que se desarrolla.
Cuando una persona se desarrolla (propósito de la educación), naturalmente aprende porque alguien desarrollado es curioso y está ávido de crecimiento.
Cuando tratamos señalar contenidos (propósito de la enseñanza) que no interesan, se obstaculiza el desarrollo.
La única manera que funcione la enseñanza es a través de la educación. Por eso el foco debe estar puesto en la persona y no en el contenido.
Por otro lado ¿qué haría una persona con mucha información y poco desarrollo?


2 – DESARROLLAR LA TOTALIDAD.
La persona es más que un pensamiento a desarrollar. Tenemos que tener en cuenta que tiene una vida emocional que le puede jugar a favor o en contra, que tiene un cuerpo, que tiene un entorno, experiencias, un propósito de vida. Aislar una zona (pensamiento) para desarrollar es limitar el desarrollo.


3 – DESPERTAR EL INTERÉS.
Se puede lograr el conocimiento y el desarrollo de muchas formas y así como  no todos tenemos la misma estrategia para enseñar, también varía la forma de aprender.
La clave –más allá de métodos y estrategias-, está en vincular los contenidos con los intereses. Despertar el interés primero y enseñar después,  para que el sujeto aprenda desde su curiosidad, y no desde un deber.  

4 – EDUCAR CON SENTIDO.  
Si se aprende un contenido mientras se desarrolla la persona, luego sabrá para que usar ese conocimiento. Una persona desarrollada, conoce su propósito y aplica naturalmente a él, las herramientas que adquirió, los conocimientos que construyó. Si se enseña excluyendo el desarrollo, la persona no encontrará sentido a su aprendizaje y sólo lo podrá usar lo que aprendió para lo que otros le digan.

5- ESTIMULAR EN LUGAR DE PREMIAR.
Si sólo premiamos los aciertos,  siempre van a temer cometer errores, y eso es demasiado limitante para un desarrollo sano. Sería más provechoso dejar de premiar aciertos y empezar a estimular el aprendizaje.
Cabe aclarar en este punto, que no hay mayor estímulo que el ejemplo, todos aprendemos,  y pocas cosas son más estimulantes que el respeto que le podemos tener a un maestro (o a los padres), cuando es coherente entre lo que dice y lo que hace. 



lunes, 1 de junio de 2015

#hacetecargo




Encontré circulando en las redes sociales una frase que cito textual
“Para decir ni una menos hay que dejar de criar princesas indefensas y machitos violentos”
haciendo referencia a los últimos femicidios (conocidos) de Argentina, y como transmitía de alguna manera la idea que tengo la compartí en mi biografía personal. Me pareció interesante que alguien ponga un poco de coherencia a la cosa.
No es que las marchas no funcionen o no sirvan, creo que son necesarias para indicarle a los gobernantes que hemos elegido, cuál es la postura que tenemos como ciudadanos frente a las circunstancias, demandar herramientas legales que amparen y políticas educativas que respodan… Pero esto ir a una marcha (en el mejor de los casos) o  postear la imagen Enriqueta (el personaje de  Liniers,  un creativo y reconocido historietista argentino) levantando el puño,  a la voz de ni una menos, no resuelve la situación.  De hecho, ni siquiera lo va a resolver un sistema penal más estricto o que se hable de la no-violencia de género en las escuelas… Está bien que todo esto se haga. Suma. Pero no resuelve.
Porque estamos demandando respuesta para el síntoma y no buscando las causas…   

Las creencias y conductas que se adoptan y se naturalizan en los primeros años de vida, producto no del discurso, sino del ejemplo, son para toda la vida, y si bien se pueden cambiar, cuestionándolas y poniéndose en ello,  ya sabemos los adultos cuán difícil es cambiar un hábito o un prejuicio.  A un reconocido científico y filósofo del siglo pasado se le atribuye esta frase “es más fácil desintegran un átomo que un prejuicio”, y Einstein sabía de átomos y de prejuicios.
La solución  -para variar- está en la educación, en el desarrollo, en la crianza... Porque podemos  hacer marchas, postear fotos y flyers que reclamen ni una menos, podemos –como sociedad- hablar más de lo que no habría que hacer y penalizar con más rigor… Pero no seamos ingenuos, mientras sigamos –los adultos- sosteniendo un sistema patriarcal va a seguir habiendo violencia porque el sistema patriarcal es una estructura verticalista a favor del hombre. Y podemos condenar a los que violentan atentando contra la vida de una mujer, pero a ellos los crió el sistema que seguimos amparando con los gestos y devenires cotidianos.

¿Cómo dejar de educar “princesas indefensas y machitos violentos”? ¿Cómo dejar de educar en la sumisión? ¿Cómo dejar de educar en la violencia? ¿Cómo dejar de darle continuidad a una estructura patriarcal?
No viviendo en ella.  Porque nada disminuye tanto como aquello que no aceptamos en nuestras vidas.
-No siendo una mamá sumisa, no quedándote en el lugar de víctima, no justificando la violencia que se ejerce sobre vos, ni sobre tus hijos.
-No siendo un papá autoritario. No mandando a lavar los platos a una mujer que maneja un auto. No viendo pornografía aunque la pasen a las nueve de la noche en un programa de consumo masivo.  
-No acercando juguetes violentos ni amparando el sexismo en los juegos. Porque no hay muñecas para nenas y pelotas para nenes. Hay muñecas y hay pelotas… Sos vos quien decide qué regalar a cada uno.
-No respondiendo con violencia ni con autoritarismo frente a lo que no nos gusta.

En otras palabras:
Dejando claro que la violencia está mal sin importar quien la empieza; que la sumisión está mal sin importar el género; que las diferencias forman parte de la vida y que aceptarlas nos enriquece a todos; que lo que está mal, está mal sin importar si lo hace tu mamá tu profesor o un amigo.
Dejando claro además que  lo que está mal, no tiene por qué quedar así, pero que depende de cada uno no inmovilizarnos, no comprarnos el rol de víctimas.

Se educa (se cría, se desarrolla en el otro ) a través del ejemplo:
Si tus hijos ven que no trabajas porque papá no quiere…
Si papá levanta la voz, y no vuela una mosca
Si los hijos no pueden más que acatar órdenes sobre temas que no se discuten, ni se charlan, ni se explican…
Si tu nene es maricón porque e juega con una muñeca…
Si ser maricón es un insulto…
Si tu nena es una machona porque juega a la pelota…
Si les regalás armas y matar es un juego…
Si les sentás a jugar a los jueguitos y matar suma puntos…
Si tus alumnos tienen que trabajar con pares del mismo sexo…
Si le explicás a la nena que él le tira el pelo porque gusta de ella, y que lo tiene que aceptar..
Si los nenes no lloran, porque no tienen que tener sentimientos…
Si las nenas no lideran,  porque no las va a querer nadie
Si los nenes no se arreglan frente al espejo, porque eso es cosa de minas…  
Si las nenas no pelean, porque tienen que esperar que alguien las rescate…
Entonces no tiene mucho sentido que saques una pancarta una vez en tu vida, diciendo ni una menos… Porque estás contribuyendo aunque no quieras (y estoy segura que no querés), a un sistema sexista. A una estructura que limita las posibilidades de los unos y las otras de acuerdo a la forma de los genitales.

No va a haber ni una menos, cuando te ocupes que en tu entorno no se reproduzca esta conducta ni en el más mínimo gesto, empezando por vos,  seas hombre o seas mujer.
No va a haber ni una menos, cuando todos (o una crítica mayoría) nos hagamos cargo de cambiar las cosas en lo cotidiano.
Así que si querés que las cosas cambien, además de ir a la marcha, además de postear frases en las redes sociales: hacete cargo.  



Post data: A los hombres todavía los criamos casi exclusivamente las mujeres. Si hay violencia, es probable que  los estemos educado en la aceptación y naturalización de esa violencia.  


domingo, 2 de noviembre de 2014

Pensamiento - parte 2



Veníamos hablando de la importancia del pensamiento y de su relación con nuestra vida, pero esto no termina acá… Quiero decir, el mundo de los pensamientos no termina conmigo misma, porque también pienso en relación a los demás, a cómo son los demás; y creo que el pensamiento también tiene su influencia allí...
Imaginemos que entramos en una sala donde nos están esperando para hacernos algunos reproches, abrimos la puerta, ahí hay gente que no piensa bien de nosotros y ni bien entramos, sin oírles decir nada, ya nos damos cuenta que no tienen un buen concepto nuestro. Inmediatamente nos ponemos de mal humor. Nos afecta negativamente como si fuésemos nosotros los que pensamos mal de nosotros mismos (aunque claro, si nos diésemos cuenta podríamos revertirlo)... En cambio, entramos en un lugar de oración y sentimos paz y nos relajamos; tal vez tenemos más claridad, podemos tomar más consciencia de nosotros mismos... o entramos a una reunión de amigos que nos están esperando y se alegran con nuestra presencia e indudablemente nos sentimos bien, nos regocijamos, nos sentimos queridos y nos ponemos de buen humor.
Eso es porque de alguna manera –y sin tener desarrollada la telepatía ni la videncia-, podemos percibir lo que los demás sienten o piensan de nosotros. Tal vez nunca reflexionamos en torno al tema, pero sí podemos recordar situaciones en que nos ha sucedido.
¿A qué viene todo esto…? Todo esto es para venir a preguntarme ¿Qué pienso realmente del niño al que estoy guiando, al que pretendo ayudar a que saque fuera eso que Es?...  ¿Qué pienso del niño o joven al que quiero enseñarle algo? Porque seguramente, él  -igual que yo-, a un nivel  poco consciente: lo percibe -y obviamente, como la mayoría de nosotros-, reacciona en consecuencia. 
Quiero decir, que al no ser consciente de que los pensamientos negativos son asunto mío, le afectan y actúa como si esto fuese su propia verdad. Si fuese consciente podría decir, "vaya... esta mujer no tiene un buen concepto de mí, qué equivocada que está..." o "tal vez pueda demostrarle lo capaz y talentoso que soy..."  Simplemente, le sucede lo mismo que a nosotros cuando entramos en algún lugar donde nos esperan con reproches... La mayoría reacciona, sin saber porqué negativamente, a la defensiva, con apatía...
Meditar sobre el asunto, sin duda nos va a ayudar a crecer como educadores.  Porque  la experiencia me ha enseñado que suelen ser las personas que confían en lo mejor uno, las que ayudan a que uno desarrolle lo mejor.
Alicia Gianfelici




sábado, 18 de octubre de 2014

Pensamientos - parte 1



Detengámonos a observar la importancia de los pensamientos y de su influencia en nuestra vida cotidiana... 
Los físicos quánticos saben que la materia es alterada, afectada por la observación. ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que cuando un científico observa una partícula -un pedacito de materia, en un laboratorio-, este se comporta de un modo distinto del que se comporta si no se lo observa… Y qué es lo que sucede? Se manifiesta una de todas las posibilidades que existían simultáneamente en esa partícula. 
En la vida cotidiana, por alguna razón, sucede algo parecido: Si yo pongo mi atención en algún aspecto de mi vida suceden cosas, y si no, no sucede nada… Es muy fácil de notar en los demás, si alguien atiende su intelecto, se enfoca en él, va a tener mejores resultados que si no lo hace. Lo mismo ocurre con alguien que atiende su cuerpo o su vida interior y espiritual… Veamos, todos conocemos personas que prestan atención a su intelecto, desarrollan la memoria y la capacidad de análisis y, tal vez,  los conocimientos que tienen son muy interesantes. Otras, que ponen mayor atención en su cuerpo, gozan de salud, vitalidad o belleza… Pareciera que lo que sucede a pequeña escala -en el laboratorio-, de alguna manera también sucede a gran escala en la vida cotidiana…
Imaginemos ahora que la persona que presta atención a su intelecto lo hace de manera negativa. Piensa que no sabe, que no va a saber, que no le sale y que no puede… ¿Qué creen que va a manifestar? Se sienta con los libros y dice “no entiendo y no lo voy a entender nunca…”, se excusa diciendo que no tiene capacidad, que el conocimiento teórico no es su fuerte… Se está observando, de alguna manera –negativa por cierto-, está poniendo atención en forma de pensamiento… Y ese pensamiento expresa todo su poder creativo, porque la atención puesta a través del pensamiento y la creencia de que algo es así, manifiestan esa realidad.
La persona que  pone su atención sobre sí misma negativamente, creyendo que no puede aprender; no va a aprender, ni va a desarrollar sus capacidades hasta que no cambie su forma de pensar sobre sí misma. Por eso es importante la cualidad del pensamiento en la vida cotidiana, y decisiva en el área educativa. No menos importante es en el área de la salud y de los negocios...
Si pensamos positívamente, vamos a tener resultados mejores que si pensamos negatívamente de nosotros mismos.
Esto es muy sencillo. Y aunque no alcanza con el pensamiento positivo -hay que hacer, trabajar para desarrollar lo que queremos (sea una capacidad o una meta)-, la cualidad del pensamiento nos influye.

La pregunta inevitable, que surge ahora que nos planteamos esto es ¿Qué pienso de mí mismo? …de qué pensamientos me rodeo?
Alicia Gianfelici

martes, 7 de octubre de 2014

¿TDAH o DAH?




Era el año 2007 y yo estaba viviendo en la provincia de Santa Fe. Trabajaba visitando escuelas, haciendo observaciones y proponiendo un abordaje distinto de los contenidos curriculares, labor que financiaban las Asociaciones Cooperadoras de las instituciones. Eso me servía para investigar cómo funcionaba mi estrategia Armonización por el Arte[1] en las aulas, y también era mi medio de vida en esos momentos. Haciendo esto, conocí a la seño Silvi, una mujer joven, muy agradable, comprometida con su trabajo y preocupada por la falta de herramientas para contener al grupo y abordar estos “casos especiales”. Me dijo que diez chicos del grado tenían TDAH[2], y especificó -porque ella los conocía bien-, cuáles eran más hiperactivos y cuales más desatentos.
     Por desgracia, lo que me decía la seño Silvi, no era algo distinto a lo que me decían otra seños de diversas instituciones. Yo ya lo venía escuchando. Todas en general opinaban igual, y aún hoy en el 2014 piensan que cierto grupo de más o menos diez chicos tienen TDAH.
     Tener diez chicos en un curso de treinta con TDAH  -y que esto coincida con los demás cursos-, es equivalente a decir que tenemos más de un 30 % de la población infantil con TDAH. Que tenemos un tercio de la población infantil –al menos argentina, aunque esto no es un discurso local- con un trastorno psiquiátrico. No es pavada lo que estamos diciendo…! Sin embargo, aún con mi pobre conocimiento de medicina alopática, sé que los trastornos psiquiátricos no son epidemias, no son virales, no se contagian como la varicela o la gripe.
     Yo no soy docente, pero he trabajado suficiente tiempo en las aulas, he pasado por muchas escuelas, y sé que la seño Silvi y sus colegas se quedan cortas. No hay sólo diez chicos que no le prestan atención… yo creo que son menos de diez los que están realmente con ella tomando la clase… Pero decir que tienen un trastorno es algo muy distinto.
     Me gusta aclarar esto porque es general la desinformación sobre el tema, entonces me encuentro explicándoles mi punto a mis clientes de consultorio, en una reunión social a mis amigos, en la cola del supermercado, en alguna charla con una periodista que me entrevistaba por cualquier otro tema… Con mucha frecuencia me encuentro marcando esta diferencia, y hablando de TDAH, así que cuando Paula -una de las creadoras de la plataforma virtual Ulerni[3]-, me sugiere que escriba un artículo sobre el tema para el blog, no quise desaprovechar la oportunidad. Le pedí unos días para ponerme de lleno con esto y aquí estoy.
     Continuamente, en consultorio, como terapeuta holística trabajo con personas que me dicen padecer enfermedades psiquiátricas y físicas, pero no se me ocurriría diagnosticar a alguien por una suposición basada en los síntomas que yo observo…
     Para que haya un trastorno psiquiátrico tiene que haber una disfunción en la química del cerebro, cuando alguien tiene un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad se observa una lesión en el lóbulo frontal y un cambio en la química…[4] no sólo un cambio en la conducta. Padecer TDAH no es lo mismo que ser desatento o muy activo.  Una persona puede tener déficit de atención o ser hiperactiva por muchas razones y no necesariamente por motivo psiquiátrico. Es decir, si hay plomo en sangre (toman agua expuesta a cañerías de plomo), si hay problemas familiares, deficiencias alimenticias, si hay parásitos, si hay antecedentes de abusos de drogas en los padres… la conducta cambia, y el niño puede volverse  más activo o menos atento. Recuerdo que cuando era pequeña, mi abuela muchas veces le dijo a mi mamá que seguro yo tenía parásitos porque no me quedaba quieta… Qué suerte que en esos tiempos no existía el TDAH…!
     ¿Cómo saber, entonces si alguien tiene un trastorno? Con estudios neurológicos. Hay que ver a un neurólogo. Es muy imprudente hacer diagnósticos tan dramáticos por la observación de la conducta… y mucho más imprudente dar medicación psiquiátrica a todo el que tenga los síntomas. Tal vez, con cambiar la instalación de agua, hacer un tratamiento para los parásitos, solucionar los problemas familiares que afectan la vida emocional del niño –y por ende su conducta-, mejorar la alimentación, etc. se resuelve el mal-estar del niño y del entorno.
     Quiero dejar bien claro, que la medicación psiquiátrica no es una aspirina.      En Estados Unidos, país que se ha caracterizado por medicar psiquiátricamente en las escuelas a sus niños con conducta de déficit de atención e hiperactividad; se están, hace unos años, estudiando las consecuencias terribles de estas drogas permitidas, y entre estas consecuencias los suicidios de adolescentes, la violencia extrema, la adicción a la cocaína son comunes, y lo que pocos saben… Si alguien es medicado con estas drogas y no tenía el desorden químico, estas drogas se lo generan… Entonces si cree que su hijito o su estudiante, puede tener este problema, descarte todas las otras opciones y vaya a ver a un neurólogo para que le haga los estudios. No a un psicólogo, no a un psicopedagogo, no a un psiquiatra. Ni siquiera me venga a ver a mí, porque ninguno de nosotros hacemos estudios de la biología del cerebro. Sólo observamos conductas, síntomas y las abordamos de distintas maneras. Con medicación, con toma de consciencia o ejercicios, a través del arte, respectivamente. Ninguno de nosotros podemos diagnosticar efectivamente si hay un desorden en la química o una lesión. Para eso tiene que ver a un neurólogo. Si necesita medicación psiquiátrica el neurólogo (que es quien se ocupa de diagnosticar los trastornos) lo va a derivar lógicamente. Pero no mediquen a sus chicos hasta no estar seguros. Busque primero la causa antes de decidir cómo va a sanar.
     …Y si no tiene un trastorno (que es lo más probable) si sólo tienen el síntoma, la conducta de, ¿qué hago? Cambio de alimentación, actividades que le ayuden a desarrollar el freno inhibitorio (a encontrar silencio entre el input y su reacción), generar ambientes serenos, dar espacio para soltar lo que le daña, hacer arte, abordajes pedagógicos personalizados[5], ejercicios de meditación, son algunas de las actividades que les  ayudan muchísimo…
     Sé que estos niños pueden ser muy difíciles de contener y que pueden hacerle perder el eje al mismo Buda… pero de ciertas medicaciones no hay vuelta atrás, y tenemos que ser prudentes. Yo no descarto que exista el trastorno pero no creo que sea una epidemia. 
    
Alicia Gianfelici





[1] Estrategia de desarrollo personal  que genero, donde uso el arte como herramienta de autoconocimiento e integración.
[2] Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad.
[3] Plataforma web que ofrece cursos, libros, seminarios. Propuesta de formación autodidacta.
[4] Niños hiperactivos by Russell Barkley. Paidós, 1999.-

[5] Cito un caso y su abordaje en mi libro “Hacia una nueva educación”, 2010





viernes, 1 de agosto de 2014

Autoeducación.



Con la intención de poder entender lo que decimos cuando decimos, es que escribo estas líneas. De aquí, que la primer pregunta que surja sea ¿qué entendemos por autoeducación? …¿Es que al usar el concepto rechazo a la institución educativa? ¿Es que niego al educador? Acaso, ¿es que propongo que el sujeto aprenda solo? ¿Es que pretendo eludir la enseñanza?
…No estoy planteando ni en estos textos, ni en ningún otro que haya escrito hasta el momento eliminar a las instituciones educativas –ni a las instituciones de enseñanza, aunque crea que el unschooling es una maravillosa propuesta que favorece el desarrollo -, tampoco uso el concepto con la intención de menospreciar la función del educador. Lo utilizo intentando repensar el sistema, teniendo en cuenta la individualidad del sujeto.

Para ayudarnos a comprender podemos observar que autoeducación es una palabra formada por: Educar (del latín educere): “sacar fuera”, “desarrollar”, y auto (elemento compositivo, prefijo de origen griego): “de o por sí mismo”.
De más está decir que educar no es enseñar… “desarrollar, sacar fuera” y “señalar, indicar”, son cosas distintas. No uso autoenseñanza, o mejor autoaprendizaje, porque mientras educación “habla” del desarrollo del educando, aprendizaje, considera la idea de incorporar algún conocimiento externo al sujeto.

En lo que a mí respecta, autoeducación puede entenderse como la posibilidad del sujeto de desarrollarse y quien -con cierta guía-, podrá actualizarse en relación a un aprendizaje, construyendo un nuevo conocimiento por sí mismo.
Creo que queda claro, que en autoeducación la atención está puesta sobre el sujeto-educando, y no sobre el contenido de aprendizaje o la información que se quiera enseñar-señalar; pero no niego al educador, ni la relación que podrá establecer este con el aprendizaje.

Autoeducación se opone en líneas generales a la masificación de la enseñanza, a los sistemas que tienen como propósito solapar lo que el sujeto Es, con información y datos –propósitos cuestionables y cuestionados aquí-, pues no hay que ser muy brillante para darse cuenta que el sistema que propone que la información que es impartida al educando deberá ser entendida, procesada y utilizada de igual manera por todos, pretende un sujeto domesticado, sometido, que no desarrolle lo que lo hace único e irrepetible, ni desarrolle sus mecanismos de respuestas creativas y particulares frente a la vida, y que pierda toda confianza en sí mismo. Es decir, que sólo funcione “en función” de alguien que le diga lo que tiene que hacer. Que sea fácil de conducir…

Para cerrar el concepto, y acabar por entendernos, la autoeducación –tal como la concibo-, propone generar espacios de autoconocimiento es decir, de conocimiento de lo que cada uno Es y actualizarlo en el marco de la enseñanza. Propone estimular los mecanismos de autodesarrollo en el sujeto-educando y vincular a este con el aprendizaje. En otras palabras la propuesta que encierro en autoeducación es autoconocimiento y desarrollo (educación), porqué no, vinculado a la enseñanza.



Alicia Gianfelici




¿Lo importante es competir?




Lo escuché mil veces… “No importa ganar, lo importante es competir”. Es verdad, competir, etimológicamente significa pertenecer (del latín: competere). Pero no es la semántica que le adjudicamos, para nosotros -y nuestros niños- competir es superar, por lo menos tratar de superar al otro.
Confrontar, oponerse, rivalizar…
Enseñamos lo que está mal como si estuviese bien …Deberíamos replantearnos los valores.


Repetimos como loros lo que nos enseñaron sin evaluar hasta que punto lo que nos enseñaron es positivo. Lo que nos enseñaron creó el mundo que tenemos, que construimos gracias a lo que aprendimos. Y el mundo que tenemos es lo que tenemos que mejorar. Repetir viejas estructuras no nos ayuda a crecer.
Si les enseñamos a competir, para que se puedan desenvolver en este mundo, ¿cuándo cambiamos el mundo?... Somos cómplices del individualismo, y no porque adjudiquemos una semántica equivocada a las palabras; sino porque enseñamos a superar al otro en lugar fomentar el superarse a sí mismo.

Queremos un mundo solidario y fraterno, sin guerras ni codicia, queremos vivir en paz… Pero hay un abismo entre lo que es y lo que deseamos porque hay pasos que no estamos dando. Entonces, decimos que lo que deseamos es utópico y ahí cerramos el asunto.

La educación en la auto observación posibilita que cada uno saque lo mejor de sí mismo y lo ponga al servicio del Todo, así esa competencia es un compartir entre seres competentes …Y nos genera pertenencia a un mundo mejor.





Alicia Gianfelici