domingo, 2 de noviembre de 2014

Pensamiento - parte 2



Veníamos hablando de la importancia del pensamiento y de su relación con nuestra vida, pero esto no termina acá… Quiero decir, el mundo de los pensamientos no termina conmigo misma, porque también pienso en relación a los demás, a cómo son los demás; y creo que el pensamiento también tiene su influencia allí...
Imaginemos que entramos en una sala donde nos están esperando para hacernos algunos reproches, abrimos la puerta, ahí hay gente que no piensa bien de nosotros y ni bien entramos, sin oírles decir nada, ya nos damos cuenta que no tienen un buen concepto nuestro. Inmediatamente nos ponemos de mal humor. Nos afecta negativamente como si fuésemos nosotros los que pensamos mal de nosotros mismos (aunque claro, si nos diésemos cuenta podríamos revertirlo)... En cambio, entramos en un lugar de oración y sentimos paz y nos relajamos; tal vez tenemos más claridad, podemos tomar más consciencia de nosotros mismos... o entramos a una reunión de amigos que nos están esperando y se alegran con nuestra presencia e indudablemente nos sentimos bien, nos regocijamos, nos sentimos queridos y nos ponemos de buen humor.
Eso es porque de alguna manera –y sin tener desarrollada la telepatía ni la videncia-, podemos percibir lo que los demás sienten o piensan de nosotros. Tal vez nunca reflexionamos en torno al tema, pero sí podemos recordar situaciones en que nos ha sucedido.
¿A qué viene todo esto…? Todo esto es para venir a preguntarme ¿Qué pienso realmente del niño al que estoy guiando, al que pretendo ayudar a que saque fuera eso que Es?...  ¿Qué pienso del niño o joven al que quiero enseñarle algo? Porque seguramente, él  -igual que yo-, a un nivel  poco consciente: lo percibe -y obviamente, como la mayoría de nosotros-, reacciona en consecuencia. 
Quiero decir, que al no ser consciente de que los pensamientos negativos son asunto mío, le afectan y actúa como si esto fuese su propia verdad. Si fuese consciente podría decir, "vaya... esta mujer no tiene un buen concepto de mí, qué equivocada que está..." o "tal vez pueda demostrarle lo capaz y talentoso que soy..."  Simplemente, le sucede lo mismo que a nosotros cuando entramos en algún lugar donde nos esperan con reproches... La mayoría reacciona, sin saber porqué negativamente, a la defensiva, con apatía...
Meditar sobre el asunto, sin duda nos va a ayudar a crecer como educadores.  Porque  la experiencia me ha enseñado que suelen ser las personas que confían en lo mejor uno, las que ayudan a que uno desarrolle lo mejor.
Alicia Gianfelici




sábado, 18 de octubre de 2014

Pensamientos - parte 1



Detengámonos a observar la importancia de los pensamientos y de su influencia en nuestra vida cotidiana... 
Los físicos quánticos saben que la materia es alterada, afectada por la observación. ¿Qué quiere decir esto? Esto quiere decir que cuando un científico observa una partícula -un pedacito de materia, en un laboratorio-, este se comporta de un modo distinto del que se comporta si no se lo observa… Y qué es lo que sucede? Se manifiesta una de todas las posibilidades que existían simultáneamente en esa partícula. 
En la vida cotidiana, por alguna razón, sucede algo parecido: Si yo pongo mi atención en algún aspecto de mi vida suceden cosas, y si no, no sucede nada… Es muy fácil de notar en los demás, si alguien atiende su intelecto, se enfoca en él, va a tener mejores resultados que si no lo hace. Lo mismo ocurre con alguien que atiende su cuerpo o su vida interior y espiritual… Veamos, todos conocemos personas que prestan atención a su intelecto, desarrollan la memoria y la capacidad de análisis y, tal vez,  los conocimientos que tienen son muy interesantes. Otras, que ponen mayor atención en su cuerpo, gozan de salud, vitalidad o belleza… Pareciera que lo que sucede a pequeña escala -en el laboratorio-, de alguna manera también sucede a gran escala en la vida cotidiana…
Imaginemos ahora que la persona que presta atención a su intelecto lo hace de manera negativa. Piensa que no sabe, que no va a saber, que no le sale y que no puede… ¿Qué creen que va a manifestar? Se sienta con los libros y dice “no entiendo y no lo voy a entender nunca…”, se excusa diciendo que no tiene capacidad, que el conocimiento teórico no es su fuerte… Se está observando, de alguna manera –negativa por cierto-, está poniendo atención en forma de pensamiento… Y ese pensamiento expresa todo su poder creativo, porque la atención puesta a través del pensamiento y la creencia de que algo es así, manifiestan esa realidad.
La persona que  pone su atención sobre sí misma negativamente, creyendo que no puede aprender; no va a aprender, ni va a desarrollar sus capacidades hasta que no cambie su forma de pensar sobre sí misma. Por eso es importante la cualidad del pensamiento en la vida cotidiana, y decisiva en el área educativa. No menos importante es en el área de la salud y de los negocios...
Si pensamos positívamente, vamos a tener resultados mejores que si pensamos negatívamente de nosotros mismos.
Esto es muy sencillo. Y aunque no alcanza con el pensamiento positivo -hay que hacer, trabajar para desarrollar lo que queremos (sea una capacidad o una meta)-, la cualidad del pensamiento nos influye.

La pregunta inevitable, que surge ahora que nos planteamos esto es ¿Qué pienso de mí mismo? …de qué pensamientos me rodeo?
Alicia Gianfelici

martes, 7 de octubre de 2014

¿TDAH o DAH?




Era el año 2007 y yo estaba viviendo en la provincia de Santa Fe. Trabajaba visitando escuelas, haciendo observaciones y proponiendo un abordaje distinto de los contenidos curriculares, labor que financiaban las Asociaciones Cooperadoras de las instituciones. Eso me servía para investigar cómo funcionaba mi estrategia Armonización por el Arte[1] en las aulas, y también era mi medio de vida en esos momentos. Haciendo esto, conocí a la seño Silvi, una mujer joven, muy agradable, comprometida con su trabajo y preocupada por la falta de herramientas para contener al grupo y abordar estos “casos especiales”. Me dijo que diez chicos del grado tenían TDAH[2], y especificó -porque ella los conocía bien-, cuáles eran más hiperactivos y cuales más desatentos.
     Por desgracia, lo que me decía la seño Silvi, no era algo distinto a lo que me decían otra seños de diversas instituciones. Yo ya lo venía escuchando. Todas en general opinaban igual, y aún hoy en el 2014 piensan que cierto grupo de más o menos diez chicos tienen TDAH.
     Tener diez chicos en un curso de treinta con TDAH  -y que esto coincida con los demás cursos-, es equivalente a decir que tenemos más de un 30 % de la población infantil con TDAH. Que tenemos un tercio de la población infantil –al menos argentina, aunque esto no es un discurso local- con un trastorno psiquiátrico. No es pavada lo que estamos diciendo…! Sin embargo, aún con mi pobre conocimiento de medicina alopática, sé que los trastornos psiquiátricos no son epidemias, no son virales, no se contagian como la varicela o la gripe.
     Yo no soy docente, pero he trabajado suficiente tiempo en las aulas, he pasado por muchas escuelas, y sé que la seño Silvi y sus colegas se quedan cortas. No hay sólo diez chicos que no le prestan atención… yo creo que son menos de diez los que están realmente con ella tomando la clase… Pero decir que tienen un trastorno es algo muy distinto.
     Me gusta aclarar esto porque es general la desinformación sobre el tema, entonces me encuentro explicándoles mi punto a mis clientes de consultorio, en una reunión social a mis amigos, en la cola del supermercado, en alguna charla con una periodista que me entrevistaba por cualquier otro tema… Con mucha frecuencia me encuentro marcando esta diferencia, y hablando de TDAH, así que cuando Paula -una de las creadoras de la plataforma virtual Ulerni[3]-, me sugiere que escriba un artículo sobre el tema para el blog, no quise desaprovechar la oportunidad. Le pedí unos días para ponerme de lleno con esto y aquí estoy.
     Continuamente, en consultorio, como terapeuta holística trabajo con personas que me dicen padecer enfermedades psiquiátricas y físicas, pero no se me ocurriría diagnosticar a alguien por una suposición basada en los síntomas que yo observo…
     Para que haya un trastorno psiquiátrico tiene que haber una disfunción en la química del cerebro, cuando alguien tiene un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad se observa una lesión en el lóbulo frontal y un cambio en la química…[4] no sólo un cambio en la conducta. Padecer TDAH no es lo mismo que ser desatento o muy activo.  Una persona puede tener déficit de atención o ser hiperactiva por muchas razones y no necesariamente por motivo psiquiátrico. Es decir, si hay plomo en sangre (toman agua expuesta a cañerías de plomo), si hay problemas familiares, deficiencias alimenticias, si hay parásitos, si hay antecedentes de abusos de drogas en los padres… la conducta cambia, y el niño puede volverse  más activo o menos atento. Recuerdo que cuando era pequeña, mi abuela muchas veces le dijo a mi mamá que seguro yo tenía parásitos porque no me quedaba quieta… Qué suerte que en esos tiempos no existía el TDAH…!
     ¿Cómo saber, entonces si alguien tiene un trastorno? Con estudios neurológicos. Hay que ver a un neurólogo. Es muy imprudente hacer diagnósticos tan dramáticos por la observación de la conducta… y mucho más imprudente dar medicación psiquiátrica a todo el que tenga los síntomas. Tal vez, con cambiar la instalación de agua, hacer un tratamiento para los parásitos, solucionar los problemas familiares que afectan la vida emocional del niño –y por ende su conducta-, mejorar la alimentación, etc. se resuelve el mal-estar del niño y del entorno.
     Quiero dejar bien claro, que la medicación psiquiátrica no es una aspirina.      En Estados Unidos, país que se ha caracterizado por medicar psiquiátricamente en las escuelas a sus niños con conducta de déficit de atención e hiperactividad; se están, hace unos años, estudiando las consecuencias terribles de estas drogas permitidas, y entre estas consecuencias los suicidios de adolescentes, la violencia extrema, la adicción a la cocaína son comunes, y lo que pocos saben… Si alguien es medicado con estas drogas y no tenía el desorden químico, estas drogas se lo generan… Entonces si cree que su hijito o su estudiante, puede tener este problema, descarte todas las otras opciones y vaya a ver a un neurólogo para que le haga los estudios. No a un psicólogo, no a un psicopedagogo, no a un psiquiatra. Ni siquiera me venga a ver a mí, porque ninguno de nosotros hacemos estudios de la biología del cerebro. Sólo observamos conductas, síntomas y las abordamos de distintas maneras. Con medicación, con toma de consciencia o ejercicios, a través del arte, respectivamente. Ninguno de nosotros podemos diagnosticar efectivamente si hay un desorden en la química o una lesión. Para eso tiene que ver a un neurólogo. Si necesita medicación psiquiátrica el neurólogo (que es quien se ocupa de diagnosticar los trastornos) lo va a derivar lógicamente. Pero no mediquen a sus chicos hasta no estar seguros. Busque primero la causa antes de decidir cómo va a sanar.
     …Y si no tiene un trastorno (que es lo más probable) si sólo tienen el síntoma, la conducta de, ¿qué hago? Cambio de alimentación, actividades que le ayuden a desarrollar el freno inhibitorio (a encontrar silencio entre el input y su reacción), generar ambientes serenos, dar espacio para soltar lo que le daña, hacer arte, abordajes pedagógicos personalizados[5], ejercicios de meditación, son algunas de las actividades que les  ayudan muchísimo…
     Sé que estos niños pueden ser muy difíciles de contener y que pueden hacerle perder el eje al mismo Buda… pero de ciertas medicaciones no hay vuelta atrás, y tenemos que ser prudentes. Yo no descarto que exista el trastorno pero no creo que sea una epidemia. 
    
Alicia Gianfelici





[1] Estrategia de desarrollo personal  que genero, donde uso el arte como herramienta de autoconocimiento e integración.
[2] Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad.
[3] Plataforma web que ofrece cursos, libros, seminarios. Propuesta de formación autodidacta.
[4] Niños hiperactivos by Russell Barkley. Paidós, 1999.-

[5] Cito un caso y su abordaje en mi libro “Hacia una nueva educación”, 2010





viernes, 1 de agosto de 2014

Autoeducación.



Con la intención de poder entender lo que decimos cuando decimos, es que escribo estas líneas. De aquí, que la primer pregunta que surja sea ¿qué entendemos por autoeducación? …¿Es que al usar el concepto rechazo a la institución educativa? ¿Es que niego al educador? Acaso, ¿es que propongo que el sujeto aprenda solo? ¿Es que pretendo eludir la enseñanza?
…No estoy planteando ni en estos textos, ni en ningún otro que haya escrito hasta el momento eliminar a las instituciones educativas –ni a las instituciones de enseñanza, aunque crea que el unschooling es una maravillosa propuesta que favorece el desarrollo -, tampoco uso el concepto con la intención de menospreciar la función del educador. Lo utilizo intentando repensar el sistema, teniendo en cuenta la individualidad del sujeto.

Para ayudarnos a comprender podemos observar que autoeducación es una palabra formada por: Educar (del latín educere): “sacar fuera”, “desarrollar”, y auto (elemento compositivo, prefijo de origen griego): “de o por sí mismo”.
De más está decir que educar no es enseñar… “desarrollar, sacar fuera” y “señalar, indicar”, son cosas distintas. No uso autoenseñanza, o mejor autoaprendizaje, porque mientras educación “habla” del desarrollo del educando, aprendizaje, considera la idea de incorporar algún conocimiento externo al sujeto.

En lo que a mí respecta, autoeducación puede entenderse como la posibilidad del sujeto de desarrollarse y quien -con cierta guía-, podrá actualizarse en relación a un aprendizaje, construyendo un nuevo conocimiento por sí mismo.
Creo que queda claro, que en autoeducación la atención está puesta sobre el sujeto-educando, y no sobre el contenido de aprendizaje o la información que se quiera enseñar-señalar; pero no niego al educador, ni la relación que podrá establecer este con el aprendizaje.

Autoeducación se opone en líneas generales a la masificación de la enseñanza, a los sistemas que tienen como propósito solapar lo que el sujeto Es, con información y datos –propósitos cuestionables y cuestionados aquí-, pues no hay que ser muy brillante para darse cuenta que el sistema que propone que la información que es impartida al educando deberá ser entendida, procesada y utilizada de igual manera por todos, pretende un sujeto domesticado, sometido, que no desarrolle lo que lo hace único e irrepetible, ni desarrolle sus mecanismos de respuestas creativas y particulares frente a la vida, y que pierda toda confianza en sí mismo. Es decir, que sólo funcione “en función” de alguien que le diga lo que tiene que hacer. Que sea fácil de conducir…

Para cerrar el concepto, y acabar por entendernos, la autoeducación –tal como la concibo-, propone generar espacios de autoconocimiento es decir, de conocimiento de lo que cada uno Es y actualizarlo en el marco de la enseñanza. Propone estimular los mecanismos de autodesarrollo en el sujeto-educando y vincular a este con el aprendizaje. En otras palabras la propuesta que encierro en autoeducación es autoconocimiento y desarrollo (educación), porqué no, vinculado a la enseñanza.



Alicia Gianfelici




¿Lo importante es competir?




Lo escuché mil veces… “No importa ganar, lo importante es competir”. Es verdad, competir, etimológicamente significa pertenecer (del latín: competere). Pero no es la semántica que le adjudicamos, para nosotros -y nuestros niños- competir es superar, por lo menos tratar de superar al otro.
Confrontar, oponerse, rivalizar…
Enseñamos lo que está mal como si estuviese bien …Deberíamos replantearnos los valores.


Repetimos como loros lo que nos enseñaron sin evaluar hasta que punto lo que nos enseñaron es positivo. Lo que nos enseñaron creó el mundo que tenemos, que construimos gracias a lo que aprendimos. Y el mundo que tenemos es lo que tenemos que mejorar. Repetir viejas estructuras no nos ayuda a crecer.
Si les enseñamos a competir, para que se puedan desenvolver en este mundo, ¿cuándo cambiamos el mundo?... Somos cómplices del individualismo, y no porque adjudiquemos una semántica equivocada a las palabras; sino porque enseñamos a superar al otro en lugar fomentar el superarse a sí mismo.

Queremos un mundo solidario y fraterno, sin guerras ni codicia, queremos vivir en paz… Pero hay un abismo entre lo que es y lo que deseamos porque hay pasos que no estamos dando. Entonces, decimos que lo que deseamos es utópico y ahí cerramos el asunto.

La educación en la auto observación posibilita que cada uno saque lo mejor de sí mismo y lo ponga al servicio del Todo, así esa competencia es un compartir entre seres competentes …Y nos genera pertenencia a un mundo mejor.





Alicia Gianfelici


viernes, 4 de julio de 2014

¿Quién necesita la escuela?




La escuela es una necesidad de la sociedad industrial moderna, que hace más de dos siglos, encontró a través de la escolarización el modo de formar (modelar, instruir, señalar, enseñar…) a la sociedad, lo que debía hacer. La enseñanza empieza entonces, a formar parte de la política de estado -ya no de la iglesia-, y desde ahí, puso su atención en preparar sujetos útiles al sistema del momento. Hasta ahí,  todo muy bien. Podemos comprender que fue lo que requirió la época. Sin embargo, pensar que la escuela actual responde a una necesidad actual, es muy diferente, y creer que es una necesidad del niño, eso es otra cosa bien distinta.
Cuando pensamos en la actual escolarización del niño vemos a simple vista que esta no le aporta nada nuevo, y que mientras le brinda información útil, condiciona -y me atrevería a decir que limita-, al sujeto creativo que hay en él, así como el desarrollo de otras zonas de manifestación: la corporalidad, la emotividad, la afectividad….   Teniendo en cuenta que la información que hoy le brinda la escuela al niño, este la puede obtener de otro modo, podemos darnos cuenta fácilmente,  que la escuela de hoy resta en vez de sumar, porque en su afán por enseñar condiciona y omite el espacio de desarrollo de otras zonas que son muy necesarias en la sociedad actual. Yo no estoy en contra de la escuela en sí, sin embargo estoy convencida que necesita cambios, y de los profundos…
Para empezar  creo que debemos dejar de asumir que la escuela desarrolla al sujeto por el simple hecho de entrar por la puerta al horario indicado y cumplir con la asistencia. Incluso, sería enriquecedor tener en cuenta que la escolarización no desarrolla al sujeto actual aún cuando este apruebe todas las materias con excelentes notas. (Las Notas y el Sistema de Evaluación… tema para otro post…) ¿Por qué digo que  no desarrolla? -…lo voy a repetir hasta el hartazgo- porque enseñar y educar son conceptos diferentes. Alguien puede saber mucho, haber aprendido muchas cosas, tener una increíble cantidad de información y no necesariamente estar desarrollado. Por ejemplo, no saber qué hacer con esa información, que no le sea útil para resolver sus problemas, no poder identificar el problema, no poder orientarla a sus intereses personales o propósito de vida, desconocer el propósito de vida personal… etc. etc. etc.   
Pero insisto, no estoy en contra de las escuelas, estoy planteando que enseñan -en el mejor de los casos-, pero no desarrollan… y que la información tal vez cuando apenas surgió la imprenta era mejor impartirla en una cátedra, pero esa no es la realidad de actual.
No estoy en contra de las escuelas, pero quiero hacer esta salvedad: Estoy a favor del amor, de la libertad de expresión, de las sonrisas, de los abrazos, de compartir, de tener espacio para maravillarnos con la naturaleza… y muchas veces el estar a favor de todo esto, no me permite apoyar la escolarización que segmenta y fragmenta al sujeto (segmenta en edades, género, condición socio-económica, capacidad de aprendizaje... y fragmenta en cuerpo/psiquis), condiciona la libertad de expresión y de manifestación afectiva, fomenta la competencia como medio de superación con el foco puesto en el otro, en lugar de fomentar el compartir como medio de superación con el foco puesto en uno, propone el conocimiento de la naturaleza, en lugar de dar espacio al respeto por ella…
La escuela es la necesidad del mundo moderno, pero no creo que tal como se presenta hoy, sea la necesidad de la sociedad actual, y mucho menos que responda a la necesidad del niño. Por eso, me parece un buen momento para empezar a escuchar las necesidades reales de los niños que tenemos cerca, como el paso previo a darle respuesta, y en última instancia, vincular las necesidades del niño a las del  sistema actual. 


Alicia Gianfelici


lunes, 17 de marzo de 2014

El arte por el arte mismo.



Hace años vengo proponiendo en mis charlas a educadores la práctica del arte en el área de la enseñanza, no como una materia a la que los chicos tienen que responder en pos de una nota, sino como práctica lúdica; y aún me encuentro con docentes que me preguntan para qué…  y me explican que tienen mucho trabajo ya para cumplir con una currícula que nunca se llega a alcanzar, como para además venir a hacer este tipo de cosas -que es evidente que ellos consideran una pérdida de tiempo, y por respeto  y prudencia de carácter no me lo dicen-.
Si bien quiero dar brevemente mis fundamentos, para hacer arte en la escuela,  antes quiero dejar claro que ellos -los respetuosos  docentes- y yo estamos parados en veredas muy distintas.  Pero por bendición estamos en el mismo barrio.  Ellos hablan de enseñanza y yo de educación. Ellos de contenidos y yo de desarrollo. Ellos quieren cumplir con su trabajo y yo trabajo por el desarrollo del sujeto sin ningún tipo de obligación de por medio, sólo por el compromiso que tomé con mis contemporáneos. 
Sin embargo, comprendo la falta de tiempo para desarrollar los temas obligatorios, pero me animo a plantear brevemente mis fundamentos buscando que se comprenda lo que no es obligatorio para el sistema de enseñanzas, pero que a pesar de eso considero muy importante, ya que en el desarrollo de un sujeto nos beneficiamos todos; y lo planteo porque confío en la apertura de los que me están escuchando (leyendo en este caso) y en el compromiso que tienen todos lo que eligieron esta noble profesión, confiando que ningún trajín, ni las obligaciones de lo cotidiano, nos van a hacer olvidar en última instancia, el amor por la práctica ni la responsabilidad como educadores.
Entonces aclarado esto, sí puedo decir que el arte  nos hace crecer, que hacer arte implica  pasar por el proceso creativo, utilizar zonas de manifestación que no usamos habitualmente, y que tantas veces reprimimos como son las emociones, la imaginación hasta la fantasía extrema, la corporalidad expresiva. Hacer arte nos ayuda  a salvar la fragmentación en la que nos hemos sumergido separando cuerpo de mente, pensamiento de emociones, entorno y deseos  de  corporalidad. Y dicho esto, apelo a un momento para crear sin ningún otro  motivo más que crear, para lo cual bastan unos lápices de colores, un poco de papel de diario y pegamento, materiales descartables, ropa prestada que vestir...
Ver arte, leer literatura en cambio, nos permite vincular ese mundo nuevo –el del artista-, con el nuestro, y ponernos en relación. Porque la ficción que leemos, la melodía que oímos o el cuadro que miramos,  se confronta con lo que ya somos y nos permite actualizarnos. En este caso una buena melodía, un libro que circule por el salón, imágenes de cuadros, un video de danza… nos pueden venir bien. Y no es necesario saber sobre la obra o acerca del artista, tal vez sea más importante la pregunta que podamos hacernos y compartir… Qué vemos? Qué nos genera? Qué nos puede estar queriendo decir el artista/autor…?
Dentro del sistema de enseñanzas actual, la lectura de literatura o la experiencia artística (hacer arte por el arte mismo, sin ninguna finalidad) viene a ser una propuesta para expandir el universo personal de manifestación, que muchas veces se acota al pensamiento analítico. Expande nuestra concepción del mundo, la nutre, la enriquece. Favorece el autoconocimiento porque nos obliga a mirarnos a nosotros mismos, dándonos la maravillosa posibilidad de escapar de la masificación a la que nos somete una enseñanza rígida que pretende que respondamos a estándares preestablecidos.
Buscar un espacio para crear o ver arte en la escuela es empezar a dar lugar al desarrollo (a la educación) en el ámbito de la enseñanza escolarizada. Un lugar para el desarrollo que muchas veces no se da  en otros lugares, y como miembros responsables de la comunidad a esto le tenemos que dar respuesta.

Alicia Gianfelici


Cabe aclarar que la estrategia que planteo en mi libro -y en los talleres-, tiene como finalidad el abordaje de contenidos curriculares desde el arte para integrar el desarrollo personal, y generar una educación personalizada,  no es el arte por el arte mismo como planteo en este post.